domingo, 27 de octubre de 2019

El oficio de la música

Me topé anoche con él después de tanto tiempo. Estaba en la misma calle que cuando lo escuché por primera vez en mi vida, pero su aspecto era ahora un poco distinto: algo más delgado, tenía el pelo más corto y rubio, y la barba menos poblada. Ni siquiera llevaba puestas aquellas finas gafas de metal que le daban un aire de intelectual trasnochado, y hasta el color de sus ojos me pareció anoche más claro. Incluso su ropa era diferente; más deportiva. Tampoco se había colocado exactamente en el mismo lugar en el que lo descubrí por casualidad hace cuatro años, en la calle Oficios, sentado en una silla minúscula y articulada que no parecía nada cómoda, la espalda apoyada sobre la fachada del Palacio de la Madraza y la Capilla Real erigiéndose en frente únicamente para él, con aquel extraño instrumento dispuesto entre sus rodillas mientras lo iba golpeando rítmicamente con los dedos de las manos, haciendo brotar un sonido tan evocador como el propio entorno que nos rodeaba. Aquella vez, observándolo allí de pie, escuchándole junto a unos cuantos turistas que, como yo, nos creímos con el derecho de grabarle sin ni siquiera pedirle permiso por el simple hecho de que estaba tocando en plena calle, guardé para mí unos pocos fragmentos de una melodía que, semanas después, regresaba de manera constante a mi cabeza.

Durante algunos fines de semana lo busqué sin éxito por las calles. Me preguntaba dónde estaría y de dónde vendría. Cómo aprendió a tocar ese instrumento cuyo nombre aprendí más tarde. Si su familia tendría noticias de él a menudo o incluso si tendría aún una familia en alguna parte. Quise saber su nombre y el nombre de aquellas canciones; lo que las inspiró; las historias que probablemente había detrás de cada una o las que yo deseaba que él inventara para mí..., pero todo fue en vano, así que decidí probar suerte con el lugar en el que hoy día todo el mundo encuentra algo. Supongo que esperaba descubrir los videos de otros que, al igual que yo, actúan a veces de esa forma no por desconsideración o materialismo, sino movidos por una sencilla admiración que nos hace querer atesorar esos pedazos de la vida para siempre, retenerlos en la memoria artificial de un dispositivo para que así podamos volver a ellos cuando se nos antoje, sin entender del todo que, en realidad, la belleza de los recuerdos, su esencia, reside en el esfuerzo de volver a imaginarlos. 

Con el tiempo me fui olvidando de él y de su música, de aquellas melodías nacidas de su Handpan, y casi de esta ciudad mía que amo y odio y sufro y disfruto con la misma emoción con la que aquel músico callejero movía la cabeza con los ojos cerrados. Y entonces he vuelto a encontrarlo de nuevo en un anochecer de otoño en Granada. Reconocí su música al instante, pero esta vez no lo grabé. Escuchando de nuevo esa canción que una vez llegué a saberme casi de corrido, aguardé junto a mi amigo a que concluyese de tocar para acercarme hasta donde estaba y contarle mi historia. Se sorprendió un poco al verse de nuevo hace cuatro años, como si le costara reconocerse en las imágenes o fuese aún más consciente de todo cuanto le hubo sucedido desde entonces. Me dijo que se llama José Blanca. Que es de Granada y Jaén y hasta de Málaga. Que tiene algo de las tres y nada en concreto de ninguna. Que le dolían un poco las manos por culpa del frío y de los continuos golpes sobre el instrumento. Que con suerte grabará un CD y que lo podría comprar a través de una de esas redes sociales en las que a veces la vida de la gente no parece ser la misma. Luego, al igual que hice años atrás, eché en su cesto todas las monedas que llevaba encima; le dije esta vez mi nombre mientras estrechaba su mano, y me marché. Sin embargo en esta ocasión el camino de vuelta a casa fue completamente distinto, pues ya no llevaba conmigo aquella vieja impresión de lejanía y pérdida que me invadió cuando lo dejé la primera vez que lo vi, en la calle Oficios, percibiendo en la distancia el sonido de su música tras de mí.


José Blanca tocando en la calle Oficios de Granada (Sábado 17 de octubre de 2015)

No hay comentarios:

Publicar un comentario